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Hace algo más de doscientos años, un viaje por Asturias sirvió a Jovellanos para tomar conciencia de la singularidad de hórreos y paneras. A partir de una observación directa, llegó a la conclusión de que pocas construcciones existen «tan sencillas, baratas y bien ideadas». Fueron muchos los elogios que utilizó el erudito gijonés para describir la naturaleza del que fue, sin duda, el primer granero de los asturianos.
Sus alabanzas no parecen, sin embargo, haber sido suficientes para concienciar a ciudadanos y gobernantes de la necesidad de establecer normas adecuadas para prolongar su presencia en los campos durante varios siglos más. Evitar que continúen desapareciendo exige actuaciones certeras, investigación rigurosa y difusión porque, como los expertos defienden, «sólo se cuida aquello con lo que nos identificamos».
Desconocemos el origen del hórreo y el momento exacto en que comenzó a ser insustituible como almacén para productos agrícolas y alimentarios. Jovellanos daba cuenta en sus cartas a Ponz de una panera con una probada existencia anterior que estaba inscrita en 1548. De esas fechas todavía hoy se encuentran en pie algunas, a pesar de que una de sus características es, precisamente, estar construidas de madera en casi su totalidad.
Esta singularidad, que permite el traslado sin mayores complicaciones, y el hecho de que en su construcción no se utilice el hierro, es lo que lleva a algunos estudiosos, como el propio Jovellanos, a identificar su origen con culturas de época romana o incluso con la presencia de pueblos anteriores.
Sea como fuere, el caso es que hórreos y paneras que han resistido quinientos años hoy están en peligro. Etnógrafos e historiadores vienen alertando desde hace tiempo de la necesidad de introducir cambios en las políticas de patrimonio. Las reivindicaciones requieren concienciar a la sociedad del valor de un bien único y de la importancia de investigar y proteger un símbolo de un pasado del que cada vez quedan menos testimonios.
En un encuentro de expertos celebrado hace algún tiempo ya se decía que «el destino del hórreo va a ser el destino de Asturias», por eso las reflexiones aportadas iban en una única dirección: estudiar para salvar. Para Juaco López, director del Museo del Pueblo de Asturias, «la investigación es la única posibilidad de conseguir que no sigan des_apareciendo ejemplares».
Autor con Armando Graña del estudio de los hórreos de Allande, Juaco López ve necesario establecer un método de trabajo que vaya acompañado del conocimiento, «porque no todo vale a la hora de documentar e inventariar». López desconfía de la utilidad de los censos por la falta de rigor con que se realizan en ocasiones. «Un inventario debe comprender mucho más que la simple cita y ubicación. Lo deseable es que vaya acompañado, al menos en los casos de interés, de un estudio de la decoración y de la tipología de la construcción».
En lo referente a la restauración, Juaco López y Armando Graña defienden una política de restauraciones selectivas a cargo de la Consejería de Cultura. «Es necesario que en los casos de mayor interés –construcciones de los siglos XVI y XVII y otras singulares por su decoración o antigüedad– sea la propia Consejería la que asuma la restauración». Esta modalidad tiene que compaginarse con la política de subvenciones a particulares. También subrayan el peligro de la propiedad compartida, porque la falta de acuerdo entre los propietarios acaba con el edificio en el suelo.
Un diseño perfecto
El hórreo debe contar con programas de difusión que lo presenten como lo que es: una construcción específica de Asturias que identifica a esta región. Hay quien propugna ir más allá solicitando el tratamiento de monumento. Está claro que la historia del hórreo está en sintonía con la historia de Asturias; es conocido que las primeras paneras surgen con la introducción del maíz a principios del siglo XVII y llegan al Occidente a finales del siglo XVIII con la patata. Fue la solución perfecta para una tierra donde llueve a menudo y es necesario proteger la cosecha de la humedad en sitio bien ventilado. El diseño fue tan perfecto que 500 años después sigue siendo igual de válido.
Pocos ejemplos hay de inteligencia constructiva tan acertados como el que se puede apreciar en el ensamblaje de las piezas de madera que constituyen un edificio que sirve al mismo tiempo de «granero, despensa, dormitorio, colmenar y palomar», tal como lo describe Jovellanos en la última década del siglo XVIII.
Dos mil restauraciones en los últimos ocho años por valor de 4 millones de euros
M. S. M.
En los últimos ocho años, la Consejería de Cultura concedió 4 millones de euros en subvenciones a particulares para la reparación de hórreos. Las actuaciones llegaron a unas dos mil construcciones.
Además de la inversión vía subvenciones, desde la Cultura se han dedicado en los últimos años 448.000 euros para el conjunto de Espinaredo (Piloña). Ahora se proyecta iniciar otra campaña que, según el director de patrimonio, José Luis Vega, acometerá la restauración de hórreos de los siglos XVI_y XVII de Villaviciosa. Los trabajos se han iniciado con la identificación y fotogrametría de los más antiguos.
Vega defiende una política de actuaciones que combine las intervenciones directas de la Administración con las subvenciones. Además cree en la necesidad de abrir un debate para establecer líneas de actuación precisas en lo referente a usos futuros del hórreo.
También apunta que en la actualidad se está des_arrollando un censo dentro de lo que constituye el catálogo urbanístico de los ayuntamientos. Para algunos expertos esto es un mero trámite administrativo pero no una herramienta para investigar el patrimonio etnográfico.
Los tiempos cambian y conservar los hórreos, cada vez más en peligro por el abandono de las zonas rurales, va a necesitar algo más que buenas intenciones. Será necesaria una apuesta decidida de la Administración e ingenio y colaboración de todas las partes. A juicio de los etnógrafos, no estaría de más que la normativa vigente comenzara siendo más permisiva para favorecer un mercado que agilice y facilite el traslado con el fin de salvar ejemplares en peligro.
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