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Ya se han cumplido cinco semanas desde que la fayona de Eiros, en Tineo, se desplomó en una jornada de fuerte viento. El haya, que había sido declarada Monumento Natural, continúa aún en el suelo, a la espera de una decisión sobre cuál de las dos alternativas que maneja el Gobierno regional será desarrollada finalmente, una vez que se ha comprobado que la reimplantación era inviable por el grado e intensidad de la rotura de las raíces.
Las opciones son aplicar un tratamiento para mantener el tronco seco o un sistema que permita la lectura de los anillos de crecimiento, relacionando éstos con acontecimientos notables ocurridos en Asturias o en Tineo. Con esta última alternativa se podría conocer con exactitud la edad del ejemplar, que podría superar los 200 años.
Las dos ideas permitirían que se haga perdurable el recuerdo de la fayona de Eiros mediante la conservación de parte de sus elementos. A esto se unirá la plantación de árboles por parte de escolares y habitantes del concejo alrededor del lugar que ocupó el árbol centenario.
La Consejería de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio e Infraestructuras afirmó hace un mes que el proyecto exacto a ejecutar dependería de los resultados de las catas que se realizarían una semana después en el tronco y las ramas de la fayona de Eiros para comprobar cuál es su estado interior, ya que esto condicionará cualquier actuación posterior.
Se han elaborado dos informes, uno por parte de un técnico de la dirección de Biodiversidad, y otro de una empresa especializada, que coinciden en que la fayona, al pertenecer a la especie «Fagis sylvatica», tiene un sistema radicular muy superficial.
Esto es, con raíces numerosas aunque no muy grandes y en disposición lateral, sin que exista una raíz pivotante fuerte o unas cuantas laterales que permitan anclar fuertemente el árbol. Destacan que es habitual que los ejemplares añosos acaben derribados.
Los dos análisis establecen que el árbol sufrió «cierto grado» de pudrición en las raíces, «consecuencia probable de hongos que atacan a la lignina y que afectan a la resistencia y estabilidad del ejemplar».
La Consejería de Medio Ambiente afirma que «esta circunstancia es prácticamente imposible de detectar a tiempo, porque cuando se manifiesta exteriormente significa que el proceso está ya muy avanzado en la parte no visible del árbol. Además, no existen tratamientos eficaces», apunta. Los hongos fueron apreciados en 2005 por el experto en árboles monumentales y técnico del Botánico de Valencia, José Plumed, que fotografió el ejemplar.
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