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JESÚS ARANGO Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo
Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo
-¡Cómo las defienden quienes las atacaban en 1987, cuando me presenté a diputado por Occidente! Las cuotas defendían al productor pequeño porque restringían la libertad de producir. De otra forma, los grandes países productores nos habrían barrido. La compra de cuotas permitió la reestructuración del campo. Ahora en Europa no hay excedentes de leche y ha habido una sucesión de políticas de contención del gasto agrario y reducción del apoyo a las producciones.
-Aún así, la política agraria común (PAC) se lleva la mitad del presupuesto de la UE.
-El 49 por ciento. En 1970-71 era el 80 por ciento y para 2013 se prevé el 39 por ciento. En 1970, eran seis miembros; ahora, 25, y dos más que entran. Menos dinero para más países y más agricultores. Y los nuevos socios reciben peores condiciones que los viejos.
-¿Por qué esa idea de separar la ayuda de la producción?
-Dan una cantidad si cumples con el mantenimiento del terreno y criterios medioambientales aunque no produzcas. ¿Es defendible que gastemos 20.000 pesetas por habitante al año y que la mayor parte vaya a grandes explotaciones? En 2004-05 cuatro millones de ciudadanos recibieron ayudas inferiores a 10.000 euros al año, que suponen el 27 por ciento del total. En la otra banda, 83.000 explotaciones (el 2 por ciento de los que perciben ayudas) recibieron más de 50.000 euros cada una y acapararon el 29 por ciento de las ayudas. O sea, muy pocas explotaciones muy grandes reciben muchas ayudas; y muchas pequeñas, ayuda insuficiente. Gastemos menos en la PAC y que sea más justa. Dejemos que el mercado funcione y paguemos al ganadero de bajos ingresos una ayuda a su renta según dónde viva (zonas de montaña) y sus condiciones familiares. Y al rico, nada.
-Muchas ayudas de la PAC van a grandes terratenientes.
-Dicen que la primera perceptora de ayudas es la reina de Inglaterra. La duquesa de Alba debe recibir mil millones de pesetas anuales. Estudiábamos que tenía 50.000 hectáreas y la ayuda media por hectárea está a 20.000 pesetas.
-¿Cómo librarán sin cuotas los campesinos asturianos?
-La comisaria ha dicho: «Si damos libertad de producción, ¿qué sentido tiene mantener las cuotas?». Mejor prepararse para lo siguiente. Por nuestras explotaciones pequeñas, nos interesan las ayudas a las rentas, pagos a los agricultores pequeños que, más allá del mercado, van por los atractivos y la organización del espacio rural. El 90 por ciento de Asturias está declarado zona de montaña. Hay que hacer una política acorde con eso. No pasa en todas las regiones productoras de leche de la cornisa cantábrica.
-¿No debemos ir juntos?
-Sí, pero no revueltos. Y no olvidemos que agricultores y ganaderos son el primer eslabón de la producción. En la leche no compite el ganadero de Luarca con el de Las Landas francesas, sino la industria lechera francesa con la española. Hace falta un sector industrial potente y competitivo. Pero no se puede hacer PAC e ignorar el entorno rural. En 20 años, la productividad del campo asturiano se multiplicó por diez. En 1986 había 30.000 explotaciones lecheras y producían al año 600.000 kilos. Hoy 3.000 ganaderos producen lo mismo. A cambio se produjeron desertización humana y envejecimiento.
-¿Cómo se arregla eso?
-Con política. Si pago el mismo ADSL que en la ciudad pero me dan tres veces menos de velocidad; la misma contribución pero tengo los servicios sanitarios lejos; me recogen la basura cada tres días y debo limpiar el camino, ¿por qué no pagar menos a Hacienda? Hay que afinar: no es lo mismo la zona rural costera que la de montaña. Los Cabos tiene una problemática distinta que Montefurao en Allande. En Suiza hay distintos tratamientos según la altura a la que esté la población y en Austria también se incentiva la permanencia en la montaña. Convendría recuperar el concepto de parroquia porque se están despoblando las aldeas a favor de las villas, cuando el paisano se jubila o los hijos tienen que estudiar. Hay 856 parroquias en Asturias y 12.500 núcleos de población. Incentivar la natalidad es una política general pero no se puede aplicar igual en Oviedo que en Somiedo. En Avilés, hay 3.177 habitantes por kilómetro cuadrado; y en Gijón, 1.500, pero en Ponga y Somiedo hay seis. Hace falta otra sensibilidad. Hace 20 años, en el Gobierno asturiano había mucho interés en que se hiciera la carretera al valle de Saliencia en Somiedo. Al saber el coste, dos consejeros replicaron que traía más cuenta comprar a cada vecino un piso en Oviedo. Con esa concepción no habrá zonas rurales. Los campesinos producen leche, carne y paisaje. Sin ellos, el paisaje verde tendrá el marrón del prado sin segar. Hay que combinar políticas sectoriales y territoriales para una concepción integral del desarrollo rural. Tras 25 años de autonomía no hay desconcentración administrativa fuera del área central.
-Todo está cerca. ¿Hay tantas razones para ir a Oviedo?
-Para dar de alta un xatu.
-¿No se hace por internet?
-Sí, pero con reticencias. Un técnico forestal que va a Ibias a visitar un monte desde Oviedo con kilometraje, dietas? habría que pensar si no es mejor tener uno allí.
-Además de caro, su ajuste fino parece muy personalizado.
-En el campo viven 300.000 personas y con bases de datos se puede hacer ajuste fino. Estamos muy preocupados por los osos cuando la principal especie en extinción en Asturias es el campesino. El problema general de Asturias es que su población decrece y está envejecida. Hay dos asturianos mayores de 65 años por cada uno menor de 15, pero en Yernes y Tameza hay 10 por cada joven; en Pesoz, 7, y en Somiedo, 6. En el siglo XX diez concejos perdieron más del 70 por ciento de su población. Ponga, Somiedo, Caso y Taramundi, con gran riqueza natural, se quedan sin habitantes. Hace falta diseñar dónde queremos mantener población. Naciones Unidas coloca el umbral de desertización en 16 habitantes por kilómetro cuadrado. Asturias tiene 13 concejos con menos de 10 habitantes por kilómetro cuadrado.
-Acaso sea una visión urbanita, ¿pero no es pagar al casero?
-Los campesinos, como jardineros de la naturaleza. No extraña que Oviedo tenga jardineros. (Señala el valle) Aquélla era una loma verde y ahora avanza el eucalipto porque se abandonó. Desde el accidente, no siego yo y es una ruina. En Los Cabos debe de quedar un vecino que entregue leche. La gente se va del campo por razones racionales. Estoy haciendo un estudio sobre los montes comunales. En Belmonte hay grandes zonas forestales abandonadas porque está sin resolver de quién es la propiedad. En teoría era de los vecinos. Dos momentos explican este conflicto latente, responsable de muchos incendios. La desamortización, que supuso una pérdida muy importante de los montes propiedad de los vecinos. Y las reforestaciones de la posguerra, cuando montes para ganado se repoblaron y los campesinos se tuvieron que ir. Sería un revulsivo dar valor a montes abandonados y buscar fórmulas que liguen los ingresos que producen a la residencia en esos pueblos para que el que marche no siga cobrando de las talas.
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